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OPINIÓN PÚBLICA E ‘HIMNO NACIONAL’

  • 12 abr 2018
  • 3 min de lectura

ANÁLISIS


Según Aristóteles los hombres son seres políticos por naturaleza. La política, entendida como el arte o actividad de tomar decisiones sobre lo público, es fundamental para el desarrollo de la vida en sociedad, concierne a todos los hombres y determina las interacciones humanas. Para esto necesita el proceso generador de sentidos: la comunicación, que va de la mano con la política y se necesitan y apoyan mutuamente en la construcción de la sociedad y la interacción entre los sujetos y hay un punto donde confluyen: la esfera pública.


La esfera pública puede ser vista como el campo discursivo, institucional y tipográfico donde emergen los sentidos y se crea la opinión pública, que según Jurgen Habermas (1962) se comprende como: “El término que refiere a las funciones de la crítica y del control de la autoridad organizada del Estado que el público ejerce informalmente, aunque también formalmente a través de elecciones periódicas”.


Los intentos del hombre por el control de lo público datan desde los tiempos de Platón y fueron más prominentes en la Ilustración. Han sido muchos los esfuerzos por definir y entender qué es la opinión pública. Sin embargo, este concepto es tan amplio y la sociedad es tan compleja que no se ha llegado a una definición universalmente válida, sin embargo, sí se ha entendido como la opinión generalizada que nace desde la esfera pública donde coexisten individuos y ciudadanos participativos con pensamientos críticos y libres de coacciones.

Aunque en teoría debería ser así, hay algunos problemas de la opinión pública moderna que según Vicent Price (1992) han sido permanentes. Estos problemas pueden visibilizarse en el capítulo ‘Himno Nacional’ de la serie británica Black Mirror.

En este capítulo, la princesa de Inglaterra ha sido secuestrada y su captor envía un mensaje por la plataforma Youtube al Primer Ministro. La misión impuesta al mandatario es que debe tener relaciones sexuales con un cerdo para que sea liberada Susannah, la princesa. Inicialmente el Primer Ministro se niega, pero luego por la presión de los medios y la opinión pública debe acceder y cumple el cometido del secuestrador.

Analizando este episodio con la lectura de Price se pueden ejemplificar problemas como la falta de competencia, donde, según Lippmann el individuo "ha llegado a sentirse más bien como un espectador sordo en la fila de atrás" (1925, p.13). Los ingleses sufren una desatención general y falta de preocupación sobre asuntos políticos. En ese momento, solo piensan en el contenido mediático que surgirá a partir de la misión del Primer Ministro y crean opiniones basadas en imágenes en sus cabezas. La prensa contribuye a las enfermedades de la opinión pública porque en lugar de cuestionarse lo que sucede, se limitan a transmitir información.

Otro problema que se puede ver es la falta de recursos o falta de métodos suficientes para la comunicación pública. La comunicación que se da en ese momento se maneja solo a través de los medios masivos, por lo tanto no es comunicación sino que se reduce simplemente a transmisión de información, imposibilitando la retroalimentación y no motivando la discusión crítica de los ciudadanos.

Además se puede analizar la tiranía de la mayoría, entendida como la mediocridad en la voluntad popular. La presión de las masas, que se nota a partir de las encuestas de opinión que hacen los medios y la viralización del vídeo del captor con la princesa, es lo que lleva al Primer Ministro y sus trabajadores a acceder a la inusual exigencia del captor. Lo hace por la presión de la mayoría, que además, inicia a burlarse y ridiculizarlo en redes sociales.

Tal vez el problema que más se evidencia en ‘Himno Nacional’ es la susceptibilidad a la persuasión. Es muy fácil que los sujetos se dejen influenciar por atractivos altamente emocionales y no racionales. Las imágenes de la princesa llorando, imaginarse al Primer Ministro en el acto sexual, las noticias y las opiniones generalizadas, llevaron a que la atención de Inglaterra estuviera en ese acto: todos estaban conectados a pantallas con expectativa pero riendo como si se trata de entretenimiento y no comprendieran la gravedad de la situación.

Para finalizar, otra de las problemáticas que se mencionan en el texto es el dominio de las élites: esto se relaciona principalmente al incremento en la pasividad por parte del público, que es dominado por élites. En el capítulo de Black Mirror no se aclara exactamente cuales élites, pero sí resalta la pasividad, ya que no hubo respuesta por parte de los televidentes. Solo se agruparon y sentaron a esperar el contenido mediático, actuando como un mercado que consume y no un público que produce opiniones.

La princesa es liberada 30 minutos antes de que se televise el acto sexual del Primer Ministro con el cerdo. Lo que demuestra que la finalidad no era ese acto como tal, sino mostrar cómo la sociedad estaba dispuesta a verlo. Al final, un crítico de arte llama a este hecho “La primera gran Obra de Arte del siglo XXI”. Es una crítica.


 
 
 

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